Revista cultural   -   Critica teatral   -   ISSN 2255-3894



teatro

información:

(EN ROJO INFORMACIÓN FACILITADA POR LA COMPAÑÍA / TEATRO):

En la realidad escénica, nos mueve la convicción de que es mucho más sencillo para el espectador contemporáneo vivir la literatura clásica que leerla. El teatro nos da esa posibilidad. El Buscón es uno de esos textos que reúnen todas las condiciones previas para crear un espectáculo para todos los públicos. No es que pensemos que los clásicos son divertidos. Es que, en muchas ocasiones, si no son divertidos, es que no son clásicos. De la mano de Quevedo, queremos seducir al espectador con una risa que provenga de una vivencia escénica singular y cercana.

El Buscón del Teatro del Temple intenta encontrar a la persona que Quevedo oculta deliberadamente detrás de sus aventuras y desventuras. Pablos no existe en virtud a su propia individualidad, sino sólo en función de todo lo que le ocurre, embarcado en una carrera por superar una serie ininterrumpida de obstáculos que dificultan su propósito: ser otro. Es decir, el conflicto que con más recurrencia y efectividad se ha planteado en la historia del Teatro.

SINOPSIS: En mitad de un sofocante verano de 1626, en la imprenta zaragozana del maestro Vergés, se edita por primera vez La vida del Buscón llamado don Pablos, de Francisco de Quevedo. Esa primera edición se realiza sin su consentimiento. Es, en cierto sentido, una copia pirata. Es una ironía a la altura de la historia el hecho de que las aventuras de uno de los antihéroes más incorrectos de la historia de la literatura española tengan como carta de presentación un acto de piratería editorial.

Don Pablos, el Buscón, es un ser marginal que intenta rebelarse contra su destino de desheredado de la fortuna. Hijo de padres de conducta discutible, su viaje en busca de la honorabilidad y sus intentos inútiles por ascender en la escala social de la época, lo ponen en contacto con todos los estamentos: el clero, la milicia, el mundo del dinero, el de las comedias, los chulos, las meretrices, los alguacilillos… Cuanto más virtuoso intenta ser, más tortuosos son los senderos que tiene que recorrer. Y de ese contraste entre realidad y deseo, tan antiguo como el propio ser humano, brota un sentido del humor incontenible, torrencial y peripatético. Y también, insospechadamente, el amor. Y el salto a América, a donde, probablemente, el bueno de Pablos nunca llegará.

comentario:

La compañía Teatro del Temple, nacida en 1994 de la mano de Carlos Martín, Alfonso Plou y María López Insausti, ha producido a lo largo de su trayectoria más de 40 espectáculos, entre los que podemos destacar: El Criticón, Arte de las putas, Luces de bohemia, El alma en vilo, Nathalie X, Dakota, La vida es sueño, Abre la puerta (un espectáculo de José Luis Esteban y Naiel Ibarrola, con coproducido por teatro del temple), etc. Ahora dentro del Festival Corral de Cervantes de Madrid presentan EL BUSCÓN de Quevedo, una propuesta que demuestra, una vez más, la forma tan personal y característica de hacer y entender el teatro clásico de esta compañía. Una propuesta donde la palabra, la narración, el acercamiento al espectador y el humor son las claves sobre las que se sustenta una historia que nos develará las aventuras y desventuras de este peculiar personaje, el Buscón.

Con esta adaptación dramatúrgica del texto de Quevedo realizada por José Luis Esteban y Ramón Barea, conoceremos a un personaje (Don Pablos), que cuenta su historia al mismo tiempo que reivindica su propia existencia, y todo ello, realizando un ejercicio sutil de rebeldía, ya que aunque se conforma con lo que el autor escribió para contar su historia, él hubiera preferido más honores, menos hambre, tal vez lujos y buena posición social, al tiempo que disfrutar de algunos placeres y amores apasionados y picaros, pero no le quedó más remedio que pasar las penurias y vivir la vida que Quevedo escribió para él y los suyos. Así, antes de que la obra propiamente dicha comience, Don Pablos recorre el patio de nuestro particular corral de comedias (solo patio ya que no existe cazuela ni aposentos), se presenta y nos hace participes de sus pensamientos y anhelos más íntimos (acción con la que también finaliza la propuesta), a través de una interacción con los espectadores que busca mostrar a la persona que habita en el interior del personaje.

Una vez realizadas las presentaciones, José Luis Esteban sube al tablado (escenario) para convertirse en EL BUSCÓN y contarnos en primera persona, sus aventuras y desventuras al tiempo que va dando vida a cada uno de los personajes que se cruzan en su camino. Y lo hace a partir de trabajo interpretativo sensato y consciente, dando muestras de las muchas tablas que  José Luis Esteban lleva sobre sus espaldas y el dominio de un personaje (y de muchos que aparecen en la propuesta) que hace suyo sin el más mínimo problema. Un pequeño cambio en el tono de voz, de posición, de vestuario, etc., sirve para realizar cada cambio de personaje y de historia.

La cuidada dirección y el espacio escénico son responsabilidad de Ramón Barea. Unas cuantas cajas de madera que cambian de posición construyen los espacios y dan sustento a los diferentes personajes que son muchos de la propuesta, unas cortinas de tela se abren y cierran para cambiar de espacio y dotar de profundidad al espacio escénico, además el uso de pequeños elementos auxiliares terminan de construir una propuesta que nos traslada con estos pocos elementos, la palabra, el gesto y la imaginación a todo un recorrido por la geografía española siguiendo a este peculiar personaje en sus andanzas. La iluminación es de Bucho Cariñena y el vestuario de Beatriz Fernández Barahona.

La propuesta realiza un circulo, comienza con la reivindicación de la persona que habita en el personaje y termina de igual forma, en medio, seremos testigos de la historia del Buscón (la adaptación de la escrita por Quevedo), y en todo este recorrido, existe un apoyo fundamental en la palabra, en el trabajo interpretativo y en los elementos de escenografía, pero también, se utiliza el vestuario para marcar esa línea cuyo trayecto va construyendo el círculo de la historia, un recurso muy efectivo y que da muestras de como ‘menos es más’ cuando los recursos se utilizan de forma inteligente y creativa.

Además, en la propuesta existe cierta interacción con los espectadores que deberán, en un momento determinado, formar parte (medio activa) del nutrido grupo de picaros que acompañaron en algún momento de su vida a Don Pablos, eso sí, con la ayuda de unas perchas, buen humor y mucha imaginación.

Teatro didáctico y cercano, ameno y divertido, con ese toque característico de Teatro del Temple que parece convertir lo complejo en sencillo, ofreciéndonos un montaje tan ameno y cercano que encandila a todo tipo de públicos. Una forma excelente de disfrutar de los clásicos.

 

ficha:

Autoria FRANCISCO DE QUEVEDO

Adaptación dramatúrgica: José Luis Esteban, Ramón Barea

Dirección y espacio escénico: Ramón Barea

Producción: María López Insausti

Iluminación: Bucho Cariñena

Vestuario: Beatriz Fernández Barahona

REPARTO José Luis Esteban: El Buscón

autor/a

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ESTRELLA SAVIRÓN (alias Agolpedeefecto).

 

Hago crítica teatral, pero sobre todo amo el teatro, e intento lograr la difusión veraz de la cultura. He colaborado en varios medios en España y fuera de nuestras fronteras y en programas de radio dedicados a las artes escénicas. En 2007 creé Agolpedeefecto.com, una revista digital que tenía como objetivo la difusión de la cultura, con amplitud de miras y aún sigo en el empeño.

 


 

fecha:

Agosto 19

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