Revista cultural   -   Critica teatral   -   ISSN 2255-3894



teatro

información:

(EN ROJO INFORMACIÓN FACILITADA POR LA COMPAÑÍA / TEATRO):

El futuro no es lo que nos habían vendido el siglo pasado: no vemos coches surcando el cielo, abonos de teletransportación o un menú del día en una pastilla; paradójicamente el mayor cambio que ha producido la tecnología ha sido en nosotros mismos. Manteniendo la apariencia de comunicación nos estamos aislando poco a poco los unos de los otros, y esa futura epidemia de soledad será aliviada también por medio de la tecnología: robots que nos cuiden y nos follen bien rico, una extensión de nuestro ego hipertrofiado, el accesorio definitivo, eliminando la necesidad de “el otro” en nuestras vidas.

Metálica será una comedia negra sobre ese siguiente paso en nuestra espasmódica “evolución”, la historia de una familia que integra a esos seres moldeables, ni de carne ni de hueso, en sus vidas, una obra sobre la agonía festiva de la empatía y la intimidad y el riesgo de que acabemos siendo como esos mismos robots suministradores de compañía y orgasmos: una conciencia o alma muerta, fría como el metal, debajo de una apariencia humana.

comentario:

Íñigo Guardamino, dramaturgo y director de METÁLICA, posee de un sello personal y característico a la hora de entender y llevar a cabo el montaje de un proyecto teatral, destaca su singularidad a la hora de mezclar lo aparentemente cotidiano con el surrealismo, ofreciendo una mirada atrevida, aguda, fresca y critica, algo que ha demostrado en diversas ocasiones en propuesta como:  Vacaciones en la inopia (finalista a los Premios Max), Castigo ejemplar Yeah, Sólo con tu amor no es suficiente, Este es un país libre y si no te gusta vete a Corea del norte, Monta al toro blanco, etc.,

En esta ocasión, Íñigo Guardamino con METÁLICA nos sitúa en el año 2044 y nos muestra un grupo familiar compuesto por miembros de diferentes generaciones (abuelo, padres, hijos, hermanos, etc.), y con distintos grados de conexión e interrelación con las tecnologías. Desde quien las utiliza simplemente como herramienta, hasta quien las tiene totalmente incorporadas en su vida, de forma que terminan sustituyendo a las relaciones sociales y sexuales. Poner la atención y mirada sobre los diferentes miembros de este grupo familiar sirve como pretexto para debatir (o al menos dejar patente) sobre una serie de temas que tienen como soporte la existencia y uso de los robots acompañantes, supuestamente diseñados para asistir a personas solas y/o enfermas, pero cuyo uso real, en la propuesta, tiene más que ver con tratar de suplir carencias afectivas, emocionales y sexuales que de otro tipo. Así, queda al descubierto el profundo miedo del ser humano al rechazo, al dolor, a ser juzgados, etc., junto a un proceso de desarraigo emocional, mediante la exploración de los comportamientos de personas cargadas de traumas y miedos que sustituyen el contacto humano por el contacto con robots o tecnologías que no juzgan, que simplemente dan satisfacción y placer, sin conflicto, creando una ficticia y frágil sensación de seguridad, está claro que cada un@ se engaña como quiere o puede y en la propuesta, los robots es especialmente buenos para conseguir ese fin.

En este proceso, Íñigo Guardamino como dramaturgo y director de la propuesta con Pablo Martínez Bravo como ayudante de dirección, inciden sobre la idea de la diferencia entre lo que imaginábamos que sería la tecnología en el futuro y el uso real que le damos a la misma. En lugar de ser herramientas para hacer nuestra vida más fácil, ayudándonos a viajar, vestirnos, comer, etc., en la propuesta (aunque también existe de esa forma), el uso principal de la tecnología (robots) se transforma convirtiéndose en un soporte emocional cuyo uso se ajusta a la transformación que ha sufrido la sociedad sobre la que se sustenta. La interrelación humana tiende a perderse siendo sustituida por la relación humano-robots, es decir, el uso del robot suple y se adapta a la deshumanización personal, creando una dependencia del humano sobre aquello que aporta consuelo, seguridad, falta de sufrimiento, etc., aunque sea ficticio.

La propuesta, fundamenta su dramaturgia en la interacción humana – robots sobre todo en el ámbito sexual, construyéndose a modo de comedia negra, negrísima, atrevida, dura y sin ningún tipo de censura. En ella, el sexo tiene mucho protagonismo, ya lo decía Oscar Wilde: ‘Todo en la vida trata sobre el sexo, excepto el sexo que trata sobre el poder' y es fácil darse cuenta, en esta propuesta, quien tiene el poder… Pero, uno de los puntos más interesantes de esta propuesta es la forma de poner al descubierto cuestiones como: la forma de relacionarnos con las máquinas, los condicionamientos éticos y morales del uso de los robots (la sexualización de la figura del robot, la humanización de los robots, la modificación del concepto de intimidad, su uso como terapia para trastornos del comportamiento, la justificación de conductas violentas o depravadas sobre los robots, etc.), la brecha de clases, la forma en que somos capaces de ceder todos nuestros datos personales sin ninguna resistencia, el uso de la información para ofrecerte lo que necesitas en cada momento, el bienestar supeditado al consumo, la vigilancia tecnológica, la soledad, el vacío existencial, la falta de comunicación, la falta de privacidad, la interconexión, el miedo a envejecer, la modificación de nuestros valores personales y sociales a través del uso de las tecnologías, el uso irracional de los dispositivos, como entendemos, construimos y modificamos el concepto de progreso como sociedad, etc. Muchos temas, efectivamente, a veces demasiados, ya que en algunos momentos da la sensación de que se riza el rizo excesivamente, para poder abrir más temas de debate, sin embargo, gracias al dinamismo de la propuesta y sus buena dosis de humor (que mezclan el humor negro e inteligente con otro más simplista en pos de aumentar la comicidad de algunas escenas), no llegan a resultar desmesurados para el espectador.

Efectivamente, Íñigo Guardamino gusta de la comedia negra con trasfondo y en esta ocasión se explaya en los temas a tratar, no hay que desaprovechar oportunidades, pero además de los temas tratados y sus característicos, intensos y punzantes diálogos, en esta ocasión encontramos varios puntos que llaman la atención en la construcción de la propuesta: En un montaje que constantemente nos acerca a la tecnología no existen elementos tecnológicos, aunque se usan, y llegamos a ellos a través de los sonidos, la narración y del movimiento de las manos de los actores. Todo un reto tanto a la hora de construir la propuesta como para enfrentarse a su interpretación. Los robots tampoco existen como autómatas electromecánicos en escena (ejemplo: Blanca Li en Robot), son interpretados por los propios actores, mediante un trabajo gestual y corporal realmente destacable, especialmente el trabajo de Marta Guerras, en su papel de robot sexual de compañía, cuyos movimientos corporales, su forma de caminar, el movimiento de sus ojos, etc., es digno de verse siendo además protagonista de un momento final de lo más contundente.

En esta virtualización tecnológica de la propuesta (donde existen muchos elementos tecnológicos - pantallas, móviles, etc. - pero físicamente no encontramos ninguno, todo el trabajo es para nuestra imaginación, ayudada por el trabajo gestual del elenco), la escenografía diseñada por Paola de Diego, no iba a ser diferente, el espacio escénico se divide en dos zonas o más bien planos diferentes, en anterior donde sucede la acción general y las diferentes escenas de los miembros ‘adultos’ de la familia, y el plano posterior donde se sitúa el benjamín de la familia que ahoga su falta de cariño paterno y materno, su soledad y sus problemas para comunicarse de forma directa con otros seres humanos con su robot de compañía. Así podemos ver lo que sucede en diferentes espacios, tanto en las escenas únicas como en la interrelación entre escenas. Esta definición del espacio es correcta y práctica, aunque en general, el movimiento en escena se muestra algo 'comprimido' por el escaso espacio funcional disponible. En esta separación de espacios y de ambientes tiene un papel destacado la iluminación diseñada por Bea Francos Díez, así como el espacio sonoro diseñado por Fernando Epelde y la música y canciones de David Ordinas.

El elenco formado por Pablo Béjar, Marta Guerras, Esther Isla, Carlos Luengo, Sara Moraleda y Rodrigo Sáenz de Heredia, algún@s de ell@s habituales de los montajes de Guardamino. Tod@s ell@s realizan un buen trabajo interpretativo, la puesta en escena de la propuesta es exigente tanto en la dirección de actores / actrices como en el propio trabajo interpretativo que requiere cambios constantemente de personaje y registro, etc., además de una excelente coordinación y manejo de los tiempos y del espacio. No cabe duda de la versatilidad de este elenco, su energía y esa actitud frente al espectador como pensando ‘a pesar de las dureza de algunas cosas que planteamos, y de lo complicado de interpretar algunas escenas de tono sexual elevado, estamos disfrutando de lo lindo’...

Rodrigo Sáenz de Heredia y Esther Isla dan vida a una pareja de lo más peculiar, de edad incalculable al igual que sus habilidades para no empatizar con el prójimo, ambos escenifican a dos seres cuya imagen de cara a la galería es totalmente opuesta a lo que encierran dentro de sí mismos; Sara Moraleda, da vida a una joven diseñadora y programadora de robots incapaz de superar el abandono de su pareja; Pablo Béjar, es el novio díscolo y robot a imagen y semejanza de sí mismo; Marta Guerras, interpreta a un robot sexual de compañía y por último Carlos Luengo, que da vida a un adolescente con déficit de cariño, problemas emocionales e incapacidad para interactuar con los de su misma especie, siendo además un niño robot de compañía de lo más versátil…

Si bien la propuesta indaga sobre la forma de auto-engañarnos (o consolarnos) en pos de una supuesta comodidad relacional mediante la visualización de humanos que renuncian voluntariamente a ser responsables, al amor, al romanticismo y a los lazos afectivos, etc., poniendo así, frente a un nosotros al ‘nuevo’ humano que renuncia al conflicto para vivir sin dolor (otra cosa es que lo consiga…), al fin y al cabo, se propone el uso de los robots como suplidor de en una carencias afectivas y sociales. Vidas que se basan en vivir una ilusión, una mentira, realizando esta indagación desde varias vertientes, en primer lugar con un texto incisivo y provocador al puro estilo Guardamino, una elevada carga sexual que se mantiene como sustento del argumento, un humor descarado y negro combinado con un humor algo más fácil, apostando sutilmente por visualizar comportamientos que nos generen, al menos, alguna pequeña (o grande) reacción visceral, comportarse como esos niños pequeños que no hacen más que tirarnos preguntas a la cara y cada respuesta genera, una y otra vez, la misma pregunta, ¿y esto porque? Probablemente para que seamos conscientes de que muchas de las cosas que se ponen sobre la mesa en la propuesta no parecen muy alejadas de nuestra realidad, y si la forma en que usamos la tecnología es, en realidad, un reflejo de lo que somos y de nuestra sociedad, deberíamos preguntarnos si es este el tipo de sociedad la que queremos tener en el presente y construir para el futuro.

Premisas interesantes en una mordaz y provocativa propuesta, que en esta ocasión se ha ganado a pulso esa socorrida frase de ‘no dejará indiferente a nadie’.

 

ficha:

Reparto: Pablo BéjarMarta GuerrasEsther IslaCarlos LuengoSara Moraleda y Rodrigo Sáenz de Heredia.

Equipo artístico: 
Íñigo Guardamino (Texto, dirección y letra de canciones), 
Paola de Diego
(Escenografía y Vestuario), 
Bea Francos Díez
(Iluminación), 
Fernando Epelde (Música y Espacio sonoro), 
David Ordinas
 (Música, canciones) y 
Pablo Martínez Bravo
 (Ayudante de dirección).

Producción Centro Dramático Nacional

Escritos en la escena

Un proyecto de investigación dramatúrgica del Laboratorio Rivas Cherif

 

autor/a

img

ESTRELLA SAVIRÓN (alias Agolpedeefecto).

 

Hago crítica teatral, pero sobre todo amo el teatro, e intento lograr la difusión veraz de la cultura. He colaborado en varios medios en España y fuera de nuestras fronteras y en programas de radio dedicados a las artes escénicas. En 2007 creé Agolpedeefecto.com, una revista digital que tenía como objetivo la difusión de la cultura, con amplitud de miras y aún sigo en el empeño.

 


 

fecha:

Junio 19

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