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información:
(EN ROJO INFORMACIÓN FACILITADA POR LA COMPAÑÍA / TEATRO):
Es la historia de un rey, Lear, que, viejo y cansado, decide repartir el reino entre sus tres hijas, con todas las riquezas, autoridad, poder y obligaciones, manteniendo para sí solo la corona, y el titulo de rey. Luego, las hijas le traicionan, cada una a su manera, y entonces el rey Lear se ve solo, enfermo y despreciado enfrentado a un destino miserable que él mismo ha puesto en marcha. Arrastrándose a la muerte conocerá la locura, la vergüenza, la felicidad, la alegría, y el horror.
La Sombra de Lear trata de una sencilla historia, muy reconocible, sobre la vejez, el poder, la autoridad, las relaciones familiares… En esta puesta en escena todo es mentira. Incluso la piedra que está sobre el escenario es de cartón piedra. Con esto, pretenden hablar al espectador de tú a tú, con sencillez, sin saber dónde acaba el actor y dónde empieza el personaje; reclamando al público para comprobar hasta dónde éste acepta las convenciones, las mentiras, la magia de un mundo que se desvela ante sus ojos, sin grandes artificios, jugando, apelando a la imaginación, aquí y ahora.
comentario:
LA SOMBRA DE LEAR. La compañía Ultramarinos de Lucas cumple 25 años de trayectoria y para celebrarlo nos proponen una fiesta, la fiesta del teatro, ofreciéndonos en la Sala Cuarta Pared de Madrid, tres de sus propuestas para adultos, Nada, Romeo & Juliet y La Sombra de Lear.
Siguiendo con la dinámica de Romeo & Juliet, la compañía Ultramarinos de Lucas se atreve a poner en escena su particular adaptación (realizada por Juan Berzal) de La tragedia del Rey Lear, de William Shakespeare, una obra con aproximadamente catorce personajes que es contada, explicada, narrada y escenificada por un solo actor, Juan Berzal. Convertido en narrador, Juan Berzal espera en escena, en ropa interior, sentado en una silla de ruedas y envuelto en ásperas cuerdas, nos prepara para lo que veremos a continuación, mientras insiste en que no vamos a ver la obra, sino que nos va a contar la historia, aunque hace mucho más en, LA SOMBRA DE LEAR.
LA SOMBRA DE LEAR, está construida desde una aparente sencillez, creando un ambiente cercano y cómplice que tiene como propósito intentar compartir a Shakespeare con tod@s nosotr@s, el público, poniéndonoslo fácil, contando la historia para ser comprendida, para ser disfrutada, pero no desde la distancia de un actor sobre el escenario, sino como un actor que se expone ante el espectador, y mientras cuenta la tragedia de Lear, nos muestra su propia tragedia, la del hombre frente al miedo a olvidar el texto, a hacer el ridículo, etc., al fin y al cabo, LA SOMBRA DE LEAR es una historia sobre la condición humana, y como tal, son tal válidas las vidas, miedos, esperanzas y dramas de Lear, sus hijas Gonerilda, Regania, y Cordelia, el Duque de Albania, Duque de Cornualles, Rey de Francia, El bufón, etc., como las del propio actor que representa y explica la obra.
La obra toca diversos temas como la vejez, los valores, el poder, la traición, el engaño, las relaciones familiares, etc. y lo hace mostrando el enfrentamiento entre dos partes (y la coexistencia de las mismas, como en muchas otras de las obras de Shakespeare), el bien y el mal (existiendo una clara separación entre ellos, aunque los personajes puedan transitar con sus comportamientos por ambos estados), la luz y la oscuridad (es este caso más emocional que física), etc., y todo ello, dentro de un drama que también contiene dos ‘argumentos’ que se entrecruzan y mezclan, la historia central de Lear y sus hijas, y la historia de Gloucester y sus hijos. Parece un lío de personajes y acontecimientos, pero no es así (o sí), aunque gracias a nuestro contador de historias, Juan Berzal, cada elemento, personaje y acontecimiento, se coloca en su preciso lugar utilizando para ello recursos sencillos y originales, como presentarnos un croquis de las familias que nos ayuda a seguir la historia con facilidad.
Bajo la medida y precisa dirección de Jorge Padín, descubrimos una pequeña gran propuesta donde se narra, cuenta, explica e interpreta, partiendo de un texto teatral que desde el principio, nos plantean un juego escénico que, de forma natural, parte del propio actor (haciendo de sí mismo), mientras nos conduce hacia la representación o narración del drama. Es un juego de parejas, de dualidades, donde un elemento se mezcla con su opuesto o complementario, así el actor se mezcla con la obra, la realidad con la ficción, la verdad con la mentira, el actor con el personaje, etc., de forma que ambas partes se solapan y se confunden e incluso se pone en duda su existencia, rompiendo la ilusión de una 'realidad' ficticia (la representada por el actor), a través de otra ficción (la representada en el propio drama), pero eso sí, recalcando que todo es mentira, en una especie de doble negación cuya asombrosa consecuencia es que sintamos que toda la propuesta se encuentra envuelta en autenticidad, cercanía y delicadeza.
Es curioso comprobar cómo, en una obra representada por un solo actor y de contenido tan extenso, se utilizan para su construcción tantos elementos dramáticos, mezcla de géneros teatrales, ruptura de la cuarta pared, metateatro, simbolismo, etc., en un ejercicio teatral tan interesante como bien ejecutado, dando como resultado una verdadera delicia teatral, que teniendo bien claro su objetivo, aprovecha todos los elementos disponibles (físicos, emocionales, pedagógicos, etc.) para enriquecer la puesta en escena de la historia. Así, además de contar el drama de Lear, la historia de las dos familias, las vicisitudes del propio actor y de la puesta en escena, se apela a la musicalidad de la poesía, a la esencia de los personajes, al simbolismo de los objetos (roca, soga, cabeza de maniquí, cesto de muerte, zapato, espada, etc.), mientras se juega con otros elementos como la música (mezcla de clásica con rock, con dirección musical de Ultramarinos de Lucas), la iluminación diseñada por Amparo Sanz, el vestuario de Martín Nalda y la escenografía de Juam Monedero cuya sencillez también nos plantea un juego, el de la efectividad de utilizar elementos sencillos de forma original y efectiva, llamando en todo momento a nuestra imaginación para completar el dibujo de los personajes y las acciones.
Pero claro, esto es Shakespeare y aquí muere hasta el apuntador, pero antes de que lo hagan, nos queda claro que esta propuesta es teatro en estado puro, recurriendo a la comunican directa a través de la sencillez, la delicadeza, etc., mostrando una gran inteligencia al conseguir llegar de forma tan directa y emocional al espectador partiendo de la sencillez absoluta. En LA SOMBRA DE LEAR, hay pasión, delicadeza, poesía y magia, y es un placer tener la oportunidad de dejarse seducir por ellas.
ficha:
Actor: Juan Berzal
Director: Jorge Padín
Vestuario: Martín Nalda
Iluminación: Amparo Sanz
Esceonografía: Juam Monedero
Dirección musical: Ultramarinos de Lucas
Fotografía: Martin Leggett
Adaptación: Juan Berzal
