Revista cultural   -   Critica teatral   -   ISSN 2255-3894



teatro

información:

(EN ROJO INFORMACIÓN FACILITADA POR LA COMPAÑÍA / TEATRO):

Nos encontramos en una noche de abril de 1970, la noche en que cerraba el antiguo Circo Price con la última actuación de Pinito. En Pinito: Sombras de un trapecio hacemos coincidir bajo los focos, en esa emblemática noche, a la artista, a sus fantasmas, al público caníbal y aquello que pertenece a la intimidad; lo que nadie vio y forjó el carácter de una mujer capaz de subirse a más de 14 metros de altura a balancearse sin red.

Como si de un destino mitológico se tratara, trasladar todo un pasado al presente resulta natural cuando ese presente es un final. Todos los finales están llenos de pasados y la noche del cierre del Price destilaba pasado por todas las costuras. “Una despedida trae todas las despedidas, como una ola trae todas las olas. Y trae arena. Una despedida de champán y mar”. La historia de Pinito es la de una mujer que vivió en un tiempo de cambios sociales, siempre unos pasos por delante y unos metros por encima.

La Casquería Teatro nos  acercamos al mundo circense y a la figura de Pinito a partir de lecturas, escritos, visionados de imágenes y recortes de prensa. Nos hemos encontrado dentro del trabajo de investigación con que la mayoría de la gente que tuvo la suerte de ver una actuación de Pinito tiene una imagen muchas veces idealizada y fragmentada de lo que fue. “Mi abuela dijo: La recuerdo perfectamente, una luz cayendo del cielo, solo ella y esas piernas, era imposible pero parecía que volaba”.

Nuestra Pinito va más allá de la figura mítica y se adentra en las luces y sombras de la mujer más allá de las pistas de circo. Queremos recuperar esa figura por encima de la de la gran trapecista y devolver el recuerdo a quien estuvo. Además de reclamar y presentar a los que la desconozcan a la gran artista que forjó a golpe de trapecio la memoria histórica del espectáculo en este país.

comentario:

La casquería teatro presenta PINITO, SOMBRAS DE UN TRAPECIO, después de ‘Nadie como tierra’, regresan a la escena madrileña, con una propuesta que se sustenta en el contundente texto de Raquel Calonge y Sebastián Moreno, unido a una considerable potencia estética que consigue envolver toda la propuesta de una poética de sombría belleza.

Todo comienza la noche que cierra el antiguo Circo Price (Plaza del Rey), en abril de 1970, es la última actuación de Pinito en este emblemático recinto, un espacio que de alguna manera muere esa noche con su cierre. Una despedida que invoca a muchas despedidas, una muerte que invoca a muchas muertes, y por ello, Pinito también invoca a todos sus fantasmas para que estén presentes esa noche tan especial.

Así, La Casquería Teatro pone en escena una performance sobre el circo, que transcurre en un circo, pero sin ser un espectáculo de circo, ya que contiene teatro, música y una elaborada estética de gran belleza plástica. Y todo, para llevarnos de la mano de una trapecista y de sus fantasmas, y así, recorrer juntos su vida pasando por sus momentos más trascendentales, pero desde la visión de la artista y de la mujer complementándose y no excluyéndose, a partir de lo que significaron para ella sus fantasmas y como, la interacción con estas personas influyó definitivamente en su pasado, presente y futuro. Y así, conocemos la vida de Pinito como hija, esposa, mujer, superviviente, trapecista, etc.

La vida de Pinito estuvo unida a la muerte desde muy temprana edad, su madre murió cuando ella contaba con 11 años, justo el día en que Pinito debutó, además, su madre dio a luz a 19 hijos de los cuales nunca sobrevivieron más de 9, precisamente fue su hermana Esther (la trapecista de esta familia de circo) la que marcó su destino con su prematuro fallecimiento. Su padre, también fallecido (aunque con posterioridad), marco el temperamento de Pinito con su rígida presencia y su marido ‘hombre red’, cuya misión principal era recoger a la artista si caía del trapecio, ya que su trapecio se encontraba a 14 metros de altura y sin red, acentuó su visión amarga. Estos son los fantasmas de Pinito, al menos, los más representativos de su vida en esta propuesta.

Una de las partes más notables de la propuesta es su construcción, el espacio escénico se divide en tres secciones claramente definidas. Un espacio a la derecha (desde el patio de butacas) donde se encuentra la madre de Pinito, dibujado como espacio onírico y simbólico esta madre, interpretada por Teresa Hernández, se presenta como una estatua viviente, ninguna palabra sale de su boca, se mueve y gesticula lentamente utilizando el teatro físico y el butoh o butō (la danza hacia la oscuridad. Normalmente involucra movimientos lentos, expresivos e imaginativos. En el butō es habitual que los intérpretes actúen pintados de blanco o desnudos) para transmitir sus emociones. Una madre muerta y callada, una rosa en el barro, unas telas y una rueca que gira, se unen al excelente uso de la iluminación, y componen un cuadro viviente de agónica belleza que grita en silencio durante el viaje vital de Pinito, un viaje especialmente marcado por la ausencia de la madre.

A la izquierda del espacio escénico, Javier Gordo, tocando en directo el acordeón poniendo la banda sonora a la propuesta, a la vez que crea los diferentes ambientes sonoros que nos envuelven durante la misma. Toda la obra se envuelve con su musicalidad, la poética del texto y de la imagen, y al mismo tiempo que con una oscuridad casi siniestra, en una visión oscura y melancólica que nos acompaña de principio a fin.

En el centro del espacio escénico, Pinito narra, cuenta, habla y revive su existencia con el resto de los fantasmas de su vida, su padre y su marido. Es interesante observar la diferencia en el tratamiento de los personajes que nos presenta La Casquería Teatro, los personajes masculinos (muertos más recientes), interaccionan con Pinito, hablan con ella, la buscan, etc., mientras que la madre está en otra posición, callada, su presencia es invocada y como tal no tiene interacción directa, Pinito va a su encuentro en ese espacio que parece estar flotando entre dos mundos. Sin embargo, la presencia de Esther (la hermana), no existe físicamente aunque su muerte fuera decisiva en la vida de Pinito, su presencial al igual que la del sus hermanos, es invocada al ser narrada por la propia Pinito.

La propuesta, que ha visto la luz después de, aproximadamente, un año y medio de preparación describe en su estructura un circulo que se caracteriza por estar descrito a través de numerosas escenas de gran belleza estética y visual, composiciones que son, en sí mismas, excelentes obras visuales que combinan las texturas, la imagen, la iluminación, el vestuario, la escenografía, el movimiento, etc., para recrear auténticos cuadros vivientes. Este es, sin duda, uno de los puntos más fuertes de la propuesta, escena tras escena, el impacto visual nos atrapa, tanto por su desarrollo y construcción como por su simbolismo y el uso de elementos metaforicos que van desde la presencia de la madre, el trapecio, la escena final con el humo, etc. La excelente escenografía y espacio escénico han sido creados por David de Blas y el diseño y técnica de luces es responsabilidad de Maria Leal.

La dramaturgia de Raquel Calonge y Sebastián Moreno se construye a través de un texto complejo y completo, poético y oscuro, donde se combinan diferentes capas que van desde el más crudo naturalismo a metáforas oscuras pasando por momentos de vivaz luminosidad, que nos trasladan con facilidad a través de esta 'fiesta de la muerte en el circo', donde Pinito invita a sus fantasmas para explicarnos lo que son y lo que sienten, en una despedida que es todas las despedidas.

Ciertamente, el simbolismo y las metáforas tienen mucha relevancia en esta propuesta y aparecen tanto en el texto como en la construcción visual: Los hijos regalados al circo, las hormigas por las piernas, el miedo, las mariposas negras, los caballos, el circo engullendo a los artistas, la lluvia, el tango, la silla bajo los focos, el crack, etc. Pero a pesar de la belleza poética del texto, su nivel de dramatismo se mantiene muy alto durante toda la propuesta (muy alto durante mucho tiempo), existiendo pocos momentos en los que este nivel baje y se sienta cierta una ondulación en la tensión de la acción, lo que tiende a producir cierto efecto de excesiva extensión de la propuesta, existiendo escenas que explican demasiado e incluso de forma reiterada, sin embargo, es lógico pensar que después de construir escenas que combinan tantos elementos y de forma tan impactante, cueste renunciar a algunas de ellas en pos de una mayor fluidez, aunque no hacerlo pueda producir en cierto grado de perdida en la esencia del mensaje en momentos puntuales.

La dirección de David Utrilla y Sebastián Moreno con Raquel Calonge como ayudante de dirección es digna de resaltar, todo un reto en esta cuidada combinación de texto, interpretación, acción, música, plástica e imagen. La primorosa sincronización de todos los elementos, la especial atención a los detalles en la puesta en escena, el manejo de las rupturas del tiempo narrativo (y cronológico), el control del movimiento escénico, la composición del espacio, etc., denotan la dificultad de la dirección y al mismo tiempo la pericia para controlar y componer todos estos elementos consiguiendo un excelente resultado.

Itziar Cabello, Angel Savín, Teresa Hernandez, David Roldán, Javier Gordo, son los protagonistas de esta propuesta, dando vida a Pinito, padre, madre, marido y el músico, respectivamente. Todos realizan un buen trabajo interpretativo aun cuando existen momentos puntuales en los que la gran carga dramática del texto no concuerda con el dramatismo de la interpretación, sin que ello afecte al resultado global.

Otro factor que llama la atención, es la existencia de cuatro posibles finales, no son cuatro posibilidades sino cuatro escenas consecutivas que podrían haber dado, cada una de ellas, final a la propuesta, lo que nos hace sentir un final demasiado largo tanto en su contenido como en sus formas, aunque quedemos enganchados a la enorme belleza estética de todos y cada uno de los posibles finales (aunque el momento final real sea visualmente, especialmente significativo).

Una propuesta interesante, con una evidente belleza poética en muchos de sus elementos, que recrea una noche única, amarga y nostálgica, y a la vez, resplandeciente. Y aunque La Casquería Teatro es capaz de imaginar pensamientos que hacen caer, y en los que se muere el circo, lo que consiguen es reavivar su llama y el recuerdo de sus protagonistas.

 

ficha:

Dirección: David Utrilla y Sebastián Moreno.
En escena Itziar Cabello,  Angel Savín, Teresa Hernandez, David Roldán, Javier Gordo.
Composición y música en directo: Javier Gordo.
Ayudante de dirección: Raquel Calonge.
Escenografía y espacio escénico: David de Blas.
Diseño y técnica de luces: Maria Leal.
Texto: Raquel Calonge y Sebastián Moreno.
Fotografías: Eva Llorca.
Producción: La Casquería Teatro

 

autor/a

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ESTRELLA SAVIRÓN (alias Agolpedeefecto).

 

Hago crítica teatral, pero sobre todo amo el teatro, e intento lograr la difusión veraz de la cultura. He colaborado en varios medios en España y fuera de nuestras fronteras y en programas de radio dedicados a las artes escénicas. En 2007 creé Agolpedeefecto.com, una revista digital que tenía como objetivo la difusión de la cultura, con amplitud de miras y aún sigo en el empeño.

 


 

fecha:

Mayo 19

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