Revista cultural   -   Critica teatral   -   ISSN 2255-3894



teatro

información:

(EN ROJO INFORMACIÓN FACILITADA POR LA COMPAÑÍA / TEATRO):

Lo nuevo de la compañía Draft.Inn, mira a Ibsen después de mirar a Lorca con esta versión libre sobre El pequeño Eyolf, un texto de la etapa final del autor noruego (fechado en 1894) que rara vez se ha montado por aquí. Versión sobre El pequeño Eyolf de Ibsen donde conviven palabra e imagen, teatro y danza, tradición y modernidad.

Ferrer y Mora quisieron dialogar desde nuestro presente con una obra escrita hace 120 años porque encontraron una historia tan fascinante como inquietante en la relación de sus dos protagonistas, el matrimonio formado por Allmers y Rita, con el hijo de ambos. Allmers, al principio, es un hombre entregado en cuerpo y alma a su trabajo de escritor y pensador y al libro que lleva tiempo confeccionando sobre la educación de los hijos. Rita siente que no entra en esa ecuación. Pero un acontecimiento fortuito en un viaje por un fiordo da un giro de timón inesperado en la vida de ambos, cuando Allmers renuncia a seguir con su libro para pasar de la teoría a la práctica y ocuparse, de verdad, de la educación de su hijo, el pequeño Eyolf, del que realmente Rita no se ha ocupado nunca como madre.

José Manuel Mora, que ha intervenido en el texto para rebajar su tono melodramático, propio de la época, asegura sin embargo que, “de ese melodrama noir, seco, nórdico que plantea la obra en un principio, la historia acaba proponiendo un drama existencial, metafísico y espiritual. Los diálogos de la pareja son de un voltaje emocional tremendo, son puro Bergman. Y el texto contiene unas imágenes poderosísimas”. La obra les interesó porque encierra un conflicto absolutamente contemporáneo: la responsabilidad de todos, hombres y mujeres, sobre lo que dejamos a quienes nos suceden y, sobre todo, esa asunción o no del mandato biológico de la maternidad.

comentario:

Draft.Inn, la compañía de la actriz y directora Carlota Ferrer y del dramaturgo José Manuel Mora, nos presenta su última propuesta, EL ÚLTIMO RINOCERONTE BLANCO, versión libre de ’El pequeño Eyolf’, de Ibsen. Una intensa propuesta que apuesta por dar fuerza al poder y simbolismo de la imagen, envolviéndola en teatro y danza.

La propuesta, desde su mismo comienzo, nos ofrece un fuerte contraste entre momentos visualmente luminosos y otros dramatúrgicamente más oscuros, las palabras se superponen con la danza, y con las acciones simbólicas y las imágenes de fuerte impacto. El texto de José Manuel Mora (inspirado en El pequeño Eyolf de Ibsen), nos va trasladando a través de un juego de geometría emocional cuyas piezas son personajes que, poco a poco, dejan vislumbrar el drama existencial que sufren.

Con dramaturgia de José Manuel Mora y Carlota Ferrer y dirección de Carlota Ferrer (con Enrique Sastre Escandón como ayudante de dirección), asistimos a los encuentros y desencuentros de diversos personajes que se muestran protegidos por máscaras que pronto caerán, para mostrar el vacío que reina en el interior de cada un@ de ell@s. Carlota Ferrer, se hace cargo también de la escueta pero práctica escenografía (ayudante de escenografía: Miguel Delgado), del vestuario y de las coreografías de la propuesta. Todos estos elementos tienen un punto en común, que destaca especialmente en momentos concretos, la elección de Carlota Ferrer de otorgar un gran peso a la estética y a la fuerza del simbolismo (por ejemplo, en momentos como la comida de los protagonistas con marisco, etc.,  mientras ‘el servicio’ come un trozo de pan duro bajo la mesa, las imágenes del mar, etc.), construyendo y definiendo momentos que dicen tanto por si mismos que no deberían ser envueltos en más, mostrándose como evidentes y eficientes aciertos estéticos que funcionan a la perfección y que muchas veces son innecesariamente explicados.

La propuesta parte de personajes burgueses que se encuentran perdidos en su egoísta y penosa insatisfacción personal, personajes llevados sin remedio hacia un punto que les obligará a cuestionarse su propia vida, sus acciones, sus emociones, sus relaciones personales y sociales, etc., momento en el que deben asumir que el dolor y la muerte son, elementos que forman parte de la propia existencia. Y nuestros protagonistas lo asumen, transitando por un camino que parte de diálogos repletos de ironía y reproches, que avanzan hacia otros más crueles y descarnados, donde se descubre la oscura desolación que crece en su interior y la amargura de descubrir que el dolor llegan sin avisar, que el paso de un supuesto estado de ‘bienestar’ a la desolación total es tan real como aleatorio, y que, aunque vivamos intentando controlar nuestro destino, la vida se escapa a nuestro control, para lo bueno y para lo malo.

Así, somos testigos de cómo, algunos de los personajes de la propuesta, que se encuentran sumidos en un estado de consentida y buscada decadencia, dialogan sobre las relaciones personales, familiares y sociales, sobre nuestra ‘supuesta’ responsabilidad social y familiar, sobre la maternidad / paternidad, los instintos de supervivencia, el egoísmo y la falta de responsabilidad al tener descendencia como respuesta a la presión social o la búsqueda de dar una imagen políticamente correcta y asumida como adecuada en nuestro entorno, etc. Vidas fingidas, llenas de insatisfacciones, reproches y culpa, muestra de ese estado de infelicidad e insatisfacción personal socialmente compartido.

Pero hay otros temas en la obra que también marcan su devenir sin retorno, en su camino desde la insatisfacción al dolor extremo, mostrándonos el doloroso proceso de catarsis de los protagonistas a través de diálogos que escupen sin pudor su dolor y desesperación, dejando al descubierto su enorme soledad interior. Así, el peso del pasado, del paso del tiempo, la culpa, la sexualidad, la muerte, la extinción (a través de la figura del rinoceronte blanco), el sentido de nuestras vidas, el anuncio de la fatalidad, nuestra propia mortalidad, la impotencia al descubrir que pase lo que pase, el mundo seguirá girando y el sol saldrá cada día totalmente indiferente a nuestro dolor. Todo ello, en un proceso que se deja ver, sobre todo, en la segunda mitad de la propuesta que casualmente gana en intimidad, crudeza y dolor pero, pierde parte de su ritmo, tono y esencia, hasta llegar a la parte final de la propuesta.

El elenco formado por Cristóbal Suárez, Julia De Castro, Carlos Beluga, Lucía Juárez, Alejandro Fuertes Marciel, Mateo Martínez y Emilia Lazo, realiza un trabajo muy digno, interpretan, bailan, cantan, etc., recreando eficazmente este microcosmos familiar y social donde todo y todos se encaminan hacia la extinción física o emocional. Pero, existe otro personaje más, el interpretado por Verónica Forqué, y aunque, en un primer momento desconcierta su papel por su distanciamiento con el resto de personajes, el uso del micrófono mientras sus diálogos se solapan con los del resto del elenco, etc., enseguida comprendemos la naturaleza de su personaje, y cuando termina su monólogo inicial y los diálogos con el pequeño protagonista de la obra, nos deja un vacío que se va incrementando con la caída (a partir de ese momento), del ritmo de la propuesta, que tiende a remontar eficazmente en momentos puntuales.

EL RINOCERONTE BLANCO, tiene evidentes aciertos, pero también, momentos que nos hacen pensar en la necesidad o no, de lo que estamos viendo. Su comienzo es prometedor, su imagen contundente, el espacio sonoro creado por Sandra Vicente atrapa y se convierte en un protagonista más, junto a la iluminación de David Picazo (ayudantes de iluminación: Daniel Checa y Sergio Aguilera) y la ingeniería de Fernando Valero. Los diálogos iniciales entre padre e hijo se suceden, mantenido un buen equilibrio entre la sensación de cariño y frialdad, sensación que se rompe cuando los protagonistas se dirigen directamente al patio de butacas, momentos que se tornan algo artificiales, aunque se dejan disfrutar con agrado. Así, vamos conociendo y situando a los personajes, su naturaleza y su dinámica, mientras se mezcla la representación puramente teatral (con reminiscencias de otros directores), con la danza y la búsqueda de un fuerte impacto marcado por el simbolismo.

La propuesta sigue su camino, los potentes dialogo se suceden, en algunos momentos intentan mantener un tono frío cercano a Ibsen (protagonistas sentados alrededor de la mesa hablando), sin embargo se opta por intensificar la sensación de nula interacción entre ellos, distanciando los tiempos de respuesta de los diálogos, la falta de contacto visual, etc., lo que tiende a generar una sensación de poca credibilidad más que de distanciamiento. En contraposición, la belleza y efectividad del simbolismo visual de la propuesta la convierten prácticamente en magnética, te atrapa sin remedio, sin embargo, al continuar con la parte puramente teatral se tiende a explicar lo que acabos de ver, no existe esa necesidad, todo queda claro desde el principio, esto genera, además de un alargamiento innecesario de la propuesta, una sensación de sobre-explicación ni necesaria ni efectiva. Dando la sensación de que la propuesta se hubiera creado a partir de dos partes diseñadas por separado, una parte propiamente teatral y otra con la danza, las imágenes, el simbolismo, etc., y se hubieran unido sin más, concatenándose y solapándose pero sin cohesionarse totalmente, sin ser todas las partes un todo.

En cualquier caso, no podemos obviar que la propuesta ofrece un interesante fondo, buenas interpretaciones, una esmerada construcción, un certero análisis psicológico y belleza conceptual y visual, motivos más que suficientes para estar activamente presentes en el camino hacia la extinción de ‘EL RINOCERONTE BLANCO’.

 

ficha:

Texto: José Manuel Mora, inspirado en El pequeño Eyolf de Henrik Ibsen
Dirección: Carlota Ferrer
Intérpretes: Verónica Forqué, Cristóbal Suárez, Julia De Castro, Carlos Beluga, Lucía Juárez, Alejandro Fuertes Marciel, Mateo Martínez y Emilia Lazo
Dramaturgia: José Manuel Mora y Carlota Ferrer
Ayudante de dirección: Enrique Sastre Escandón
Diseño de iluminación: David Picazo
Ayudantes de iluminación: Daniel Checa y Sergio Aguilera
Diseño de espacio sonoro: Sandra Vicente
Diseño de espacio escénico y vestuario: Carlota Ferrer
Ayudante de escenografía: Miguel Delgado
Ingeniería: Fernando Valero
Coreografía: Carlota Ferrer
Coordinación de producción: Gema R. Lirola
Diseño gráfico: Luis Camafreita
Producción ejecutiva: Fernando Valero
Gerencia Draft.inn: Gabriel J. Rodríguez
Técnico Draft.inn: Josep Maria Comas
Estudiante en Prácticas del Máster de la ESADCyL: Miguel S. Mota
Producción: Madrid Cultura y Turismo SAU, Draft.inn (Meine Seele Teatro S.L.), PREVEE S.L., Artífice Escénico
Distribución: Clara Pérez - info@claraperezdistribucion.com
Con la colaboración de Readest Montajes S.L.
Fotografía: Ilde Sandrín

 

autor/a

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ESTRELLA SAVIRÓN (alias Agolpedeefecto).

 

Hago crítica teatral, pero sobre todo amo el teatro, e intento lograr la difusión veraz de la cultura. He colaborado en varios medios en España y fuera de nuestras fronteras y en programas de radio dedicados a las artes escénicas. En 2007 creé Agolpedeefecto.com, una revista digital que tenía como objetivo la difusión de la cultura, con amplitud de miras y aún sigo en el empeño.

 


 

fecha:

Mayo 19

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