Revista cultural   -   Critica teatral   -   ISSN 2255-3894



teatro

información:

(EN ROJO INFORMACIÓN FACILITADA POR LA COMPAÑÍA / TEATRO):

La Comedia sin título es una obra de teatro que siempre estará por escribirse. Ésa es su potencia y yo no he pretendido clausurarla. Pero durante años me asomaba a la última línea del manuscrito como quien se asoma a la marea porque oye una voz que lo llama desde adentro. El sueño de la vida no pretende dar fin a la Comedia sin título, tampoco es una reescritura. Es un nuevo texto escrito en un vacío infinito, un diálogo entre lo que fue y lo que no pudo ser.

Para su escritura fue decisivo el impulso y apoyo de la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid, que convirtió en encargo real lo que era un sueño íntimo. No puedo explicar mucho sobre los sentidos de El sueño de la vida. He escrito como quien atraviesa sonámbulo una habitación en llamas. Creo además que hay algo de alucinación en el centro de esta experiencia que se resiste al decir. Mucho de El sueño de la vida forma parte del misterio. No sé muy bien cómo se han entrelazado las imágenes de Lorca con la propia ni por qué venían al recuerdo algunos versos y otros no.  También en este proyecto hay mucho de juego, que es algo sagrado, y que algunos seguimos defendiendo ante este gobierno de lo útil, de lo necesario y de lo productivo.  Sí, he disfrutado mucho escribiéndola. No quiero cubrir esta experiencia con la pátina pesada de una falsa solemnidad. Hay más pulsiones lisérgicas que conscientes. 

El conflicto sobre la verdad en el teatro y en el amor que en El público sucede principalmente dentro del pecho de El director se intenta resolver aquí abriendo de par en par las puertas del teatro. Pero por esas puertas abiertas entran no sólo el optimismo revolucionario y los anhelos de un mundo más justo sino también las fuerzas más conservadoras, cínicas y agresivas. Y nos engañemos: éstas pueden encontrarse en los despachos pero también en los andamios. No hay síntesis apaciguadora en su resolución: porque es insufrible un teatro que dé la espalda a la realidad de su tiempo (“no quiero que se derrame sangre verdadera junto a los muros de la mentira”) pero ¿qué poesía se sobrevive doblegada ante la pólvora y los estrados? Como en El público nos encontramos un callejón sin salida; de ahí emerge la idea del sacrificio en este auto sacramental laico en el que creador aparece “como un agonizante de Dios” que no pertenece “ni al reino de los vivos ni al de los muertos” y, sin embargo, no puede dejar de pertenecer. Estos dos actos que no pretenden dar fin a nada sino entregar al presente la intimidad con una voz. Alberto Conejero. Una coproducción del Teatro Español y la Comunidad de Madrid.

comentario:

EL SUEÑO DE LA VIDA de Lorca y Alberto Conejero, es una propuesta que parte de la ‘Comedia sin título’ de Lorca, obra inconclusa, compuesta por un solo acto, al que Alberto Conejero le añade un segundo acto y un epilogo. Pero, Alberto Conejero no pretende dar un final al texto de Lorca, ni sustituir al autor, sino más bien, mostrar una posible reinterpretación personal, tan válida (o no) como cualquier otra, nacida desde la admiración y el respeto al autor, una tarea de evidente complejidad y valentía que se realiza bajo la atenta dirección de Luis Pasqual, que ya tiene experiencia en estas lides, puesto que estreno la ‘Comedia sin título’ en el CDN hace ya 30 años. Además, se cuenta con Carlos Roó como ayudante de dirección.

EL SUEÑO DE LA VIDA comienza rompiendo los límites y el clasicismo de las representaciones teatrales al uso, la cuarta pared salta en pedazos y se establece un diálogo donde, el autor de la obra en medio del patio de butacas, se revela contra la mentira, contra la verdad incompleta y contra su propia representación. El autor busca la verdad a toda costa y por encima de todo, pero ‘sin obviar la oscuridad que habita en ella', tratando de no desviar la mirada hacia otro lado, sin edulcorar o convertir su contenido en algo ‘políticamente correcto’, analizando la oscuridad de la propia realidad y el comportamiento de las gentes y la sociedad dentro de ella, pero también intentando buscar el papel, la posición y la voz que ‘el teatro’ debería asumir durante los tiempos más convulsos.


De esta forma, presenciamos la propuesta completa, formada por una primera parte contundente y bien construida (que corresponde al texto de Lorca), que comienza con un tono dramático muy alto (incluso demasiado) por parte del personaje de su protagonista (Lorenzo), que personaliza al propio autor. Después del parlamento del autor y de otras acciones, la realidad llama a las puertas del teatro y el autor le da paso, dando así comienzo la segunda parte de la obra (ya escrita por Alberto Conejero), cuyo desarrollo nos sitúa en un espacio que representa los sótanos del teatro. Allí, actores, actrices, técnicos, empresarios, etc., se refugian, mientras arriba (en el patio de butacas y el exterior del teatro) la batalla se desarrolla. Pues bien, en este sótano, el autor, dirige el ensayo de ‘El sueño de una noche de verano’, al tiempo que posee un papel activo en otra obra, la escenificación de una posible realidad, donde el propio autor, herido sobre el suelo del sótano, es parte activa y principal de los sucesos.

En este segundo acto, los diálogos se suceden, existiendo momentos en los que el texto se muestra contundente y otros, en los que muestra una fuerte carga poética, aunque se mueven alrededor de un largo proceso que da la sensación de estancarse, entrando en un bucle temporal y argumental, hasta llevar a un monólogo final que ‘debería’ ser decisivo, por la potencia que evidentemente se quiere imprimir en él y que se muestra gracias a la fuerza de su construcción. Así pues, en esta segunda parte de la propuesta, la fuerza de la dramaturgia y de los propios personajes, aparece y desaparece constantemente, dilatando una acción que finalmente se disfruta más por sus formas, su estética y su construcción visual que por la propia fuerza de la acción, que la tiene, pero dando la sensación de estar inmersa en un ‘ir y venir’ como en esa oscilación que producen las olas cuando sube y/o baja la marea.

A continuación llega el epílogo, donde se rescata parte del espíritu de la primera parte mediante el dialogo entre el autor y un joven cuya figura contiene un marcado simbolismo. Ambos protagonizan un dialogo que llama especialmente la atención por la enfatización de la idea de que todo lo sucedido hasta el momento, sentido y vivido como la verdad por el autor, no es en realidad, lo que parece.

Y para escenificar todo este proceso, se ha seleccionado a un diverso y numeroso elenco formado por: Dafnis Balduz, Ester Bellver, María Isasi, Raúl Jiménez, Daniel Jumillas, Jaume Madaula, Juan Matute, Antonio Medina, Chema de Miguel, Koldo Olabarri, Sergio Otegui, Juan Paños, Luis Perezagua, César Sánchez, Nacho Sánchez y Emma Vilarasau. Un elenco que da cabida a profesinales dentro de un amplio y diverso rango de edad, nivel de experiencia interpretativa y soltura en escena, dando voz así, a toda una variedad de personajes (de diferente protagonismo), que muestran un completo abanico de registros. El trabajo interpretativo del elenco es, en general, profesional y honesto, y en ocasiones arriesgado por la cercanía a un público que puede (voluntaria o involuntariamente) interferir en la acción. Y aunque todo el elenco tiene mérito (la mayor parte de este elenco da vida a más de un personaje), destacan, por el propio protagonismo de sus personajes, Nacho Sánchez que da vida a Lorenzo (el autor), ofreciéndonos una interpretación donde se trata no solo de mostrar, sino también de enfatizar tanto la pasión como la desesperanza del personaje, aunque en ocasiones, se muestra demasiado ‘intenso’ respecto al contenido de la escena que representa. Destaca igualmente, Emma Vilarasau, que después de meterse en la piel de Medea, en la versión de Alberto Conejero y Lluís Pasqual, estrenada en el Teatre Lliure de Montjuïc durante 2018, con dirección de Lluís Pasqual, y acompañada por: Andreu Benito, Arià Campos-Pau Trujillo, Roger Coma Jasó, Joan Farssac-Guim Luque y Joan Sureda, repite ahora experiencia con autor y director, dando vida a un personaje muy diferente, al que no le falta fuerza, aunque más diluida.

Otro protagonista más de esta propuesta es la música, interpretada en riguroso directo por Miguel Huertas junto a Iván Mellén (piano y percusión respectivamente), bajo la dirección musical de Dani Espasa. Gracias a ellos, se envuelve todo el espacio de una musicalidad y una armonía, muy apropiada y cercana a aquellas que identificamos como parte del ‘espíritu lorquiano’. Espacio Sonoro de Roc Mateu.

Cada acto de la propuesta tiene su propia personalidad y si bien, Alberto Conejero cambia las tornas de la historia en el segundo acto (convirtiéndolo en algo propio y personal), es posible reconocer aspectos (especialmente estéticos, de forma y estilo) que relacionan todas las partes (actos y epílogo) de esta puesta en escena, lo que aporta cierto grado de continuidad a una propuesta que además, sabe aprovechar la mezcla de elementos poéticos, oníricos y teatrales con el juego que ofrece la interacción con las diferentes realidades, produciéndose de esta forma, una cohesión donde, además de la propia dramaturgia, tiene mucho protagonismo la labor de dirección en manos de Luis Pasqual. Hay que resaltar, la forma en que la puesta en escena es capaz de mantener, en todo momento, cierto aire oscuro, como premonitorio de un inminente desastre, remarcando la desesperanza activa de sus protagonistas, que también se ve reflejada en los detalles de la escenografía y el vestuario creado por Alejandro Andújar, junto a Silvia De Marta como ayudante de escenografía y vestuario, la iluminación de Pascal Merat y la videoescena de Bruno Praena, y que se deja ver, tanto en el espacio escénico propiamente dicho como en el resto del espacio (patio de butacas, palcos, etc.), igualmente utilizados dentro de la representación.

La extensa propuesta comienza con vigorosidad, pero va perdiendo fuerza a medida que avanza su desarrollo, aunque manteniendo constante su belleza estética y musical. Una de cal y otra de arena, que se compensan (o no), dependiendo de los gustos y sensibilidades de cada espectador/a, aunque no se debe obviar la complejidad de presentar y representar los interesantes mensajes sobre los que se sustenta la obra, un factor sobre el que, sin duda, vale la pena indagar.

 

ficha:

Dirección:

Lluís Pasqual 

Reparto:

Dafnis Balduz
Ester Bellver 
María Isasi 
Raúl Jiménez 
Daniel Jumillas 
Jaume Madaula 
Juan Matute 
Antonio Medina 
Chema de Miguel 
Koldo Olabarri 
Sergio Otegui 
Juan Paños
Luis Perezagua 
César Sánchez 
Nacho Sánchez 
Emma Vilarasau


Músicos: 
Miguel Huertas e Iván Mellén 

 

Ficha artística:

Escenografía y Vestuario Alejandro Andújar
Iluminación Pascal Merat
Dirección Musical Dani Espasa
Espacio Sonoro Roc Mateu
Videoescena Bruno Praena
Ayte dirección Carlos Roó
Ayte Escenografía y Vestuario Silvia De Marta

 

autor/a

img

ESTRELLA SAVIRÓN (alias Agolpedeefecto).

 

Hago crítica teatral, pero sobre todo amo el teatro, e intento lograr la difusión veraz de la cultura. He colaborado en varios medios en España y fuera de nuestras fronteras y en programas de radio dedicados a las artes escénicas. En 2007 creé Agolpedeefecto.com, una revista digital que tenía como objetivo la difusión de la cultura, con amplitud de miras y aún sigo en el empeño.

 


 

fecha:

Febrero 19

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