teatro

información:

Cuatro personas se hallan en una habitación alargada. Sin saberlo, comparten espacio y tiempo a la vez que cada uno se encuentra en una realidad diferente, aparte, propia e inalcanzable. Sus historias y necesidades personales se vuelven difusas al entrecruzarse con las otras, tan reales y efímeras como cualquier otra.

En sus relaciones, nos proponen relaciones sobre el tiempo, la muerte, el amor y sus deseos, sumergiéndonos en un collage escénico que nos transporta de un mundo a otro, a dimensiones paralelas, a sueños nunca soñados, a un encuentro con los fantasmas que tal vez seamos sin saberlo. ¿Y si el tiempo no existe y sólo existe el ahora? ¿Y si lo que llamamos pasado y futuro no es más que una proyección de nuestra mente?

(EN ROSA INFORMACIÓN FACILITADA POR LA COMPAÑÍA / TEATRO).

comentario:

Hernán Gené responsable de la dramaturgia, dirección, y escenografía de esta propuesta, junto a Rafael Martín Blanco como ayudante de dirección, nos propone en EL GATO QUE SALTA Y EL GATO QUE CAE. UN EXPERIMENTO CON EL TIEMPO, un juego que tiene como protagonista la relatividad, tanto del tiempo como del espacio, y para ello, comienza la propuesta situándonos en un espacio paradójico, ya que durante un tiempo limitado, la propia existencia del tiempo estará cuestionada.

Nada más entrar en la sala de teatro, se intenta consolidad en nuestras mentes la idea de perspectiva variable y la noción de relatividad. El público, es situado dentro de la sala de teatro a ambos lados del espacio escénico, en posiciones enfrentadas. La acción se desarrolla en el centro de un espacio escénico limitado por unos cortinajes opacos situados frente a los espectadores que permiten ver la acción, pero impiden ver al público del lado opuesto, solamente se escuchan sus voces, risas, etc. lo que crea una sensación de extraña presencia, de realidad ficticia.

Lo primero que vemos en escena es, a cuatro personajes que esperan mientras aparece una imagen proyectada, es una reproducción cinematográfica de la obra de M. C Escher, ‘Relatividad’ (litografía de 1953) que representa la famosa escalera que manipula la concepción de espacio, perspectiva, gravedad y arquitectura. Ilusiones ópticas (asociadas a la escalera de Penrose), perspectivas imposibles, espacio y tiempo, lo que existe más allá de lo aparentemente evidente, etc., para mostrar que en el mundo, todo es relativo y sobre todo, muestra percepción del tiempo. De forma que, lo que ocurre durante un instante de tiempo puede ser inquietantemente cuestionable. Es posible que todo lo que creemos haber vivido sea en realidad una ficción, incluso el propio paso del tiempo, y bajo esta premisa, se van sucediendo ante nuestros ojos una serie de ejercicios teatrales, llenos de humor donde nuestras características intrínsecas y la relatividad de nuestras acciones juegan un papel decisivo.

Hernán Gené traslada la perspectiva tridimensional de M. C Escher, a un espacio físico más limitado y compacto, un rectangulo en cuyos bordes se sitúan cada uno de los personajes de la propuesta, para experimentar sobre cuestiones como el tiempo, el espacio y la propia realidad de nuestra existencia. Y como ocurría en las escaleras de Escher donde se permiten desplazamientos opuestos, también en la propuesta que nos ocupa existen estos movimientos opuestos, ya que se trasladan a las emociones básicas desde una posición a la contraria (de lo cotidiano al surrealismo) a partir de cambios de perspectivas, con personajes que necesitan amar y ser amados, pero que odian el contacto físico, de secretos que se guardan y se desvelan mientras los tendales desaparecen en la inmensidad del cielo, separaciones matrimoniales con cadenas invisibles, sesiones de terapia, cuestionamientos sobre la propia propuesta y el acto teatral, etc.

Otro elemento que se utiliza para reforzar la construcción de la propuesta son las referencias personajes como Einstein, Aristóteles, Schopenhauer, etc. y las proyecciones de charlas de Julio Cortázar hablando sobre su conexión con lo irreal, con la línea imaginaria que une milimétricamente sucesos aparentemente aleatorios, en una particular percepción de lo oculto a los ojos, de los hilos invisibles que unen los elementos universales, etc. Datos y momentos que aportan coherencia a este constante juego entre la realidad y la ficción o más bien, entre las diferentes realidades.

Esther Acevedo, Juan Migule Alcarria Herrera, Andrea Álvarez y Georgina Rey dan vida a estos cambiantes personajes que con ayuda de su cuerpo, su gestualidad, sus constantes coreografías, la frescura del texto, las proyecciones, un sofá, unas máscaras de mono asiáticas, que como guardianes de los templos (ángel de mono de Tailandia, etc.), nos recuerdan que nos parecemos mucho a los monos aunque ellos no estén esclavizados por el tiempo.  Un elenco que realiza un buen trabajo tanto individualmente como en parejas o en grupo, su dinámica está marcada por el trabajo en equipo, por la conexión del grupo, que consigue resaltar por su naturalidad y buena energía.

Estamos ante una sucesión de divertidos e irónicos ejercicios teatrales nacidos de la experimentación, que reflexionan sobre el tiempo, la perspectiva, la vida, la muerte, el amor, los miedos, los deseos y necesidades humanas, los anhelos, el acto teatral como catalizador y como medio de expresión, etc., llevados a escena a partir de momentos vitales de nuestros protagonistas, de los que el espectador es testigo desde su pequeña parcela a modo de ventana indiscreta, donde observar su realidad, aunque puede que sea una ilusión, pero lo único que parece realmente importante y 'real' es el momento presente y en ese instante concreto, mientras el metrónomo nos recuerda con su incesante pulso que el tiempo pasa hasta que deja de pasar y la obra termina, y entre el principio y el final, todo lo que ha vivdo ha sido, un experimento con el tiempo.

Una propuesta que, a modo de divertimento, cuestiona muchas ‘realidades’ a partir de pequeños relatos, aunque en realidad, nada se ha dejado al azar y todo tiene un sentido en la concepción y construcción de la misma. Puede ser que, al gato que salta y que cae, en realidad, no le importe el tiempo que está cayendo, sino tener la destreza suficiente para voltearse en el aire y caer de pie. Hernán Gené cae de pie, e inteligentemente nos ofrece escenas cotidianas que se transforman en surrealistas, utilizano la ironía, el absurdo, la crítica personal y social, y la frescura, mientras disfrutamos de un realidad que también cambia, dependiendo del lugar que ocupemos.

 

ficha:

Autoría, Dramaturgia, Dirección, Escenografía: Hernán Gené
Ayudante de Dirección: Rafael Martín Blanco
Producción: Francisco García-Muñoz (teatro vivo)
Reparto: Esther Acevedo, Juan Migule Alcarria Herrera, Andrea Álvarez, Georgina Rey (Manuela Rodríguez).
Iluminación: Juan Miguel Alcarria Herrera
Movimiento: Esther Acevedo

 

autor/a

img

ESTRELLA SAVIRÓN (alias Agolpedeefecto).

 

Hago crítica teatral, pero sobre todo amo el teatro, e intento lograr la difusión veraz de la cultura. He colaborado en varios medios en España y fuera de nuestras fronteras y en programas de radio dedicados a las artes escénicas. En 2007 creé Agolpedeefecto.com, una revista digital que tenía como objetivo la difusión de la cultura, con amplitud de miras y aún sigo en el empeño.

 


 

fecha:

Abril 18

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