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Se volvieron invisibles, tan acostumbrados ya estamos a verlos, dormitando en los vestíbulos de las estaciones y aeropuertos, revolviendo en los contenedores de basura, haciendo cola en los comedores benéficos... Los vemos tan lejanos y apenas la cantidad de una mensualidad nos separa de ellos. Los arrojados por la borda de sus destinos, los náufragos en la oscuridad de un mundo hostil. A veces en silencio cruzan nuestra consciencia, aunque los evitamos como el beso del leproso, porque su pobreza nos interpela ¿Quién cree que tiene algo para siempre?

Estos mendigos dejan sus huellas en las cenizas de la vida, conservan los rescoldos de una llama antigua, una furia ante el tiempo, que de alguna manera los entroniza, reyes sin reino, el hombre desterrado entre basuras, sin más luz que la esperanza de una mirada desde el cielo. ¿Quién no ha mendigado algo alguna vez?

Liquidación de existencias, estas consagradas al teatro, consciente de que la noche se acerca, y que lejos de la complacencia, siguen desnudando su estilo de cualquier retórica, de cualquier ropaje estético, buscando pervivir en la tensión y el riesgo de la creación, que sigue reflexionando en lo que han sido sus constantes: las devastaciones del tiempo, la crítica a la desertización espiritual, el escenario como asedio vivencial.

Aquí está el universo de una compañía, sus heridas y cicatrices, su desarbolada imaginaría, su desgarrada voz, sus personajes desahuciados. Eco de liturgia, tintes esperpénticos y regusto de tragedia, un humor perturbador y un compromiso poético insobornable. Los pies en los clásicos y la mirada en el horizonte de nuevas formas de hablarle al alma de cada hombre. Tradicionales y rupturistas, contradicción viva, contracorriente siempre, pasión de cuatro décadas por los escenarios del mundo: La Zaranda, teatro inestable de ninguna parte, cumple cuarenta años a lo hondo del tiempo.

(EN ROSA INFORMACIÓN FACILITADA POR LA COMPAÑÍA / TEATRO).

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comentario:

La compañía LA ZARANDA (Teatro Inestable de ninguna parte, anteriormente de ‘Andalucía La Baja’) tiene un toque inconfundible que le convierte en reconocible allá donde va, utiliza unos códigos propios que le definen, como son su narrativa, el uso reiterado de las repeticiones, su estética, la utilización de un lenguaje visual y gestual potente, la interacción constante entre lo real y el absurdo que además entremezcla lo grotesco con lo poético, así como una focalización en los temas sociales, en los siempre existe un análisis crítico de una sociedad desnaturalizada y excluyente y los integrantes de la misma. La Zaranda mantiene en sus propuestas un trasfondo amargo, cuya respiración, inspira ironía y espira crítica, algo que se encuentra también en esta propuesta, aunque se le añade un agudo sentido del humor y un toque de agónica esperanza.

En La Zaranda, como ya he comentado más veces, todo está claro, sus montajes parcos en palabras disponen de una gran fuerza visual y una línea argumental y un mensaje a transmitir muy claro y definido, sin embargo, en esta ocasión, opta por romper sus propias normas, sus propios clichés, y crean algo nuevo a partir de lo conocido, aportando nuevos valores y sustratos a la propuesta.


Lear a muerto y el teatro vive
y si el teatro vive Lear vive…
La zaranda sigue viva…

Desde luego, sus señas de identidad se mantienen, pero ahora aportan una estética, unos diálogos y una mirada multidireccional a la historia, no tan focalizada como las anteriores, pero que resulta en su conjunto, mucho más amplia en contenido, fresca en construcción y redonda en estructura.

En AHORA TODO ES NOCHE (que lleva como subtítulo, Liquidación de existencias), todo empieza con el descubrimiento de un cadáver envuelto en una manta térmica, a partir de ahí, conoceremos la historia de tres mendigos, desahuciados por la sociedad, que se encuentran en el aeropuerto donde intentan buscar un sitio resguardado donde dormir, juntos atravesarán las cloacas de la gran ciudad para ir a refugiarse en una obra de teatro.


Nada pueden las dentelladas del tiempo, resistiremos…

Una propuesta que comienza con tres individuos sin aparente salida (que podrían ser cualquiera de nosotr@s tras una ‘mala racha’), pero poco a poco, la obra se va transformando en una metáfora de la historia de la propia compañía de teatro y del estado del teatro en general. Tres mendigos, tres vagabundos, tres actores que resisten luchando contra el desamparo existente en el teatro, cuya imagen se encuentra envuelta con el brillante papel de regalo de la fama, el glamour y el ego, pero que esconde la precariedad más absoluta.  De ahí, la ‘liquidación de existencias’, la liquidación de aquellos que han dedicado su vida al teatro o a cualquier otra disciplina artística, al arte en general.

En esta propuesta, a diferencia de las anteriores de la compañía (donde el uso de la palabra era el justo y necesario), se prioriza la palabra, pero en ningún momento es gratuita, cada palabra, cada gesto, está lleno de significado, llegando a ser abrumador el esfuerzo del espectador por no perder ni la más mínima silaba en este viaje en la noche a través de la naturaleza humana, del compañerismo, de la supervivencia y del teatro. Y donde tres actores, gracias a la magia del teatro, se convierten en mendigos, y estos mendigos en actores y los actores en reyes en un reino donde nada es imposible y gobierna lo irreal y la imaginación, aunque siempre sustentándose en la verdad.


Aquí, solo aquí, en este escenario, puede seguir viva la llama de nuestro sueño,
aquí en esto que no existe esta nuestro reino,
aquí, aquí, un rey sin reino,
reinaremos en nuestros piojos, en nuestra hambre y en nuestro frío…

Estos cambios, no son un abandono de la forma habitual de trabajar de La Zaranda, sino que han resultado ser transformaciones increíblemente enriquecedoras en la construcción y desarrollo de esta propuesta, donde los giros argumentales, la estética, el sentido del humor, la ironía, el uso de diálogos originales y profundos con referencias a obras clásicas y procesos creativos. etc. han otorgado una mayor profundidad, si cabe, a la historia. Y todo ello, sin renunciar al mensaje latente en todos los montajes de la compañía, la visualización de las personas excluídas de la sociedad, que se niegan a someterse a su destino, e intentan encontrar una salida, una esperanza…


Donde está la justicia poética,
que ganas tú con que yo muerta aquí,
no nos dejes caer,
solo nos queda una mirada al cielo,
la de unos mendigos con sueños que quisieron conmover al mundo…,
se acabó la función….

Gaspar Campuzano, Enrique Bustos y Francisco Sánchez (Paco de la Zaranda), son los tres actores que dan vida a los tres mendigos, pero sobre todo, a tres reyes de la escena. Los creadores primigenios de La Zaranda, mendigan, comparten, cuestionan, analizan e incluso diseccionan el propio proceso de creación teatral, en unas interpretaciones marcadas por la naturalidad y el control escénico, que nos recuerdan lo mucho que se disfruta del teatro de calidad.

Como es habitual, el texto de Eusebio Calonge (también encargado de la escenografía e Iluminación) se completa a la perfección con la concepción del espacio escénico de Paco de la Zaranda (actor y director) que en esta ocasión, se muestra mucho más austero en el uso de objetos y referencias que en propuestas anteriores, ayudándose únicamente de unos carros de supermercado, unos cartones, maletas, una camilla, cubos de basura y vestuario teatral variado, para crear y recrear los diferentes escenarios. Estos diferentes elementos se van moviendo y cambiando de posición para ir construyendo y vistiendo, a tiempo real, cada una de las escenas.

Hay que dejarse llevar, dejarse seducir y entrar en el particular lenguaje de La Zaranda y si no se consigue, se puede convertir en una experiencia algo confusa, pero si se entra en el código, se convierte en un deleite, una experiencia hermosa a la par que turbadora, donde todas las piezas encajan a la perfección y la potencia del mensaje, la dramaturgia, la interpretación y la estética visual te agarran el corazón en el puño de La Zaranda, y todo, para hacernos conscientes de que pase lo que pase, es mejor vivir la vida plenamente hasta la muerte, que estar muerto en vida.


La lucha está perdida, pero tenemos por lo que luchar
y tenemos por lo que sufrir, tenemos por lo que vivir,
nos apartan un batallón de fantasmas sin alma, combatiendo contra nuestros sueños…


Si son fantasmas nada hay que temer, están muertos,
llevan mucho tiempo muertos, están más muertos que nosotros…
esto puede servirnos para el final del tercer acto…

Una propuesta inteligente, que se ha remodelado y regenerado a partir de las propias vivencias y análisis de la compañía La Zaranda y del mundo que les rodea, aportando diversos ángulos de visión, diferentes perspectivas con elementos nuevos que se suman a otros antiguos, consiguiendo construir una propuesta compacta, donde todos los elementos tienen una razón de ser y existir, donde todo tiene su significado y nada se ha dejado al azar, una propuesta cuyo potente final te sacude y casi te deja sin respiración, ya que existe la esperanza de que aunque ‘ahora todo es noche’, pronto llegará la primavera…

Otras obras que te pueden interesar:

EL GRITO EN EL CIELO de Eusebio Calonge. Dirección Paco de La Zaranda.
EL CORAZÓN ENTRE ORTIGAS de Eusebio Calonge Dirección Paco de La Zaranda.
LA EXTINTA POÉTICA de Eusebio Calonge. Dirección Paco de La Zaranda.

 

ficha:

DIRECCIÓN: Paco de La Zaranda
ELENCO: Gaspar Campuzano, Enrique Bustos y Francisco Sánchez
Ficha artística:
Iluminación: Eusebio Calonge
Espacio Escénico: Paco De La Zaranda
Regiduría: Eduardo Martínez

Una producción de LA ZARANDA - Teatro Inestable de Ninguna Parte en Coproducción con el Teatre Rome.

 

 

autor/a

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ESTRELLA SAVIRÓN (alias Agolpedeefecto).

 

Hago crítica teatral, pero sobre todo amo el teatro, e intento lograr la difusión veraz de la cultura. He colaborado en varios medios en España y fuera de nuestras fronteras y en programas de radio dedicados a las artes escénicas. En 2007 creé Agolpedeefecto.com, una revista digital que tenía como objetivo la difusión de la cultura, con amplitud de miras y aún sigo en el empeño.

 


 

fecha:

Abril 18

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