VIEJOS TIEMPOS.
El pasado martes 22 se presentó en el Teatro Español el nuevo montaje del director Ricardo Moya. Nada menos que la adaptación de VIEJOS TIEMPOS del premio Nobel Harold Pinter. En la rueda de prensa no podían faltar también el trío de actores protagonistas: José Luís García-Pérez, Ariadna Gil y Emma Suárez.

Moya empezó dando las gracias a Mario Gas por la oportunidad de estrenar en la Sala Pequeña del Teatro Español, que es el espacio escénico idóneo para esta obra. Hace casi dos meses que se pueso en marcha el montaje de esta función. Se trata de una obra muy especial que recoge el espíritu del autor analizando la calidad de las relaciones humanas ya sea entre dos o incluso entre tres personas.

Con el tiempo los recuerdos pierden definición y la línea entre lo real y lo imaginario se vuelve difusa. Y es que en el teatro la diferencia entre estos conceptos no tiene mayor importancia puesto que ambos influyen en nuestra vida con igual intensidad.

VIEJOS TIEMPOS comienza con una frase de lo más cotidiana “¿Dónde están las tijeras?” De este modo se nos introduce en el hogar de los protagonistas, en su quehacer diario, para luego ir profundizando en sus antecedentes, sus lazos y su futuro.

Hubo que hacer un verdadero trabajo de espeleología en el material propuesto por el autor y fue necesario estudiar tanto sus palabras como sus silencios. Recuerda a clásicos como Esquilo, un auténtico creador de lenguaje, en el panorama patrio podríamos mencionar a Valle-Inclán.

Pinter tiene muy claro que los silencios forman parte del lenguaje, cosa que en los tiempos tan acelerados que vivimos se ha deteriorado bastante. El autor es un “hacedor de silencios” que es necesario habitar en el teatro con la interpretación. Es una apuesta por observarnos a nosotros mismos y comprobar cómo tras el telón de las palabras se esconden emociones enfrentadas.

El director está enormemente satisfecho del trabajo de los actores que juntos y al unísono ofrecen un espectáculo intenso y grato. Y también la escenografía juega un importante papel con sus formas sencillas y luces que arropan los diálogos punzantes y concisos.

La elección de la obra fue algo que surgió porque sí, tratándose de Pinter ya sabía que eran “palabras mayores” pero afrontó el reto con humildad. La clave era escoger un reparto que estuviese a la altura. Y una vez conseguido el triángulo Emma-Ariadna-José Luís ya no hubo más dudas. La respuesta del Teatro Español ante la propuesta fue de lo más receptiva y todo marchó sobre ruedas.

Le elección del papel adecuado para cada actriz vino dada por el “lado oscuro” del personaje que interpreta Emma. Se planteó incluso el llevar a cabo el experimento de intercambiar los papeles en distintas funciones pero finalmente se optó por consolidar a cada una en el suyo. Los tres protagonistas se complementan entre sí y no se explica ninguno de ellos sin los otros dos.

José Luís García-Pérez afirma que ha cumplido dos sueños, por un lado actuar en el Teatro Español que siempre ha sido un referente para él desde niño, y por otro lado el trabajar un texto de Pinter. Su personaje es contradictorio y complejo, fuerte y frágil al mismo tiempo.

Es como realizar un curioso viaje por la mente de un sabio, una oportunidad de crecer como actor y como persona. A lo largo de VIEJOS TIEMPOS se muestra cómo a menudo nos escondemos detrás de las palabras y utilizamos el lenguaje como un arma de defensa, incluso cuando callamos.

Se trata de un texto exigente que requiere medir muy bien los silencios, mantener la calma y aprender a tomarse su tiempo. Además asegura que es un enorme placer compartirlo con Emma y Ariadna.

Ariadna Gil se siente muy afortunada de trabajar en la sala pequeña con el público tan cercano, es su primera experiencia en este terreno. Se ha sentido muy a gusto durante los ensayos y disfrutando de la sensación de tener tiempo de descubrir a su personaje y a sí misma. Para ella la parte más importante la constituyen los dos actores que la acompañan, permaneciendo siempre abiertos a lo que dan y a lo que piden. Pinter parece empezar sin una idea preconcebida, con un texto extraño que no sabes a dónde conduce bajo su apariencia cotidiana. Se percibe de fondo como una bomba de relojería a punto de estallar y romper la frialdad británica. La progresión de pausas, expresiones y frases se suceden como una partitura. Cada personaje fantasea, lo cual exige primero un trabajo intelectual y luego un desarrollo del mismo apoyándose en la rareza del lenguaje y las expresiones que utilizan para ocultar sus emociones. La obra es como la vida misma, llena de conversaciones interrumpidas, frases inacabadas y un desorden caótico.

Emma Suárez también considera un lujo trabajar con un texto como éste y admite que hacía ya tiempo que se sentía seducida por Pinter. Cree mucho en el proyecto y también le encanta la idea de tener a una mujer por compañera en la historia, en lugar de un hombre como sería lo habitual. Es imprescindible que los actores estén conectados para esta función. Es como una pelota de ping pong que se van pasando entre ellos, incluso cada silencio es una reacción.

Ricardo Moya espera que, tras el enorme trabajo que ha supuesto desbrozar esta obra, el público la reciba con agrado disfrutando de la cercanía que permite la sala pequeña.

 

Por: Javier León.       Fecha de pase: Mayo 12.
Fotos: Javier León.

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