QUÉ DESASTRE DE FUNCIÓN.
Una obra de Michael Frayn, adaptada por Paco Mir y dirigida por Alexander Herold. El miércoles 21 de marzo, a las 10.30h, los Teatros del Canal de la Comunidad de Madrid se ha presentado ¡Qué desastre de función!, una obra de Michael Frayn dirigida por Alexander Herold y con versión de Paco Mir. Este montaje de La Projectora estará en la Sala Roja del 22 de marzo al 8 de abril.

En la presentación han participado: el director general de Promoción Cultural de la Comunidad de Madrid, Amado Giménez; el director artístico de los Teatros del Canal, Albert Boadella; el director del montaje, Alexander Herold, y el productor de la obra, Toni Albadalejo. Desde su estreno en Londres en 1982, y después de cinco años en cartel en esta ciudad, se ha estado representando continuamente en algún lugar del mundo. Se ha traducido a 28 idiomas, visto en más de 50 país y adaptado al cine.

Albert Boadella, director artístico de los Teatros del Canal, nos hace una interesante reflexión. Según él, los catalanes exportan tanto género de comedia como terapia para contrarrestar lo sobrio de su carácter. No deja de ser una observación cuando menos curiosa. Considera la comedia un género más civilizado que la tragedia, la cual a menudo sacude al espectador de manera demasiado directa, como carne cruda para estómagos delicados. En cambio el humor requiere mucho más ingenio y la configuración de un espectáculo que puede ser todo un desafío. También es verdad que la comedia es voraz porque el público espera que cada gag esté a la altura del anterior y eso resulta muy difícil, al final prácticamente hay que quemar el teatro para contentar al público. “¡Qué desastre de función!” consigue superar el reto subiendo el nivel de forma gradual a lo largo de toda la obra para acabar en una auténtica explosión de carcajadas.

Gloria Casanova, productora de la obra junto con Toni Albadalejo, se congratula de que es ya su segunda producción y el éxito continúa. Piensa que con la actual crisis, el público necesita más que nunca reírse. Y lo han venido haciendo en Barcelona durante dos años, logrando que los espectadores salgan felices y haciendo de cada función un regalo de humor. Ojala suceda lo mismo en Madrid. La obra se estrenó hace ya veintisiete años y, desde entonces, ha sufrido varias actualizaciones, evolucionando para adaptarse a los gustos del público en cada época y lugar.

Albadalejo hace un poco de historia contándonos cómo fue el estreno en el Teatro Alcázar, donde Mario Gas lo vio y se lo llevó al Teatro Condal. La obra siempre ha gozado de la interpretación de grandes actores. Él tuvo la suerte de estar en la primera representación en Barcelona y se ocupa de que cada siete u ocho años se vuelva a producir porque es siempre una apuesta segura.

Alexander Herold, director de la obra, confiesa hallarse muy feliz de estar en Madrid y más con esta obra que fue la primera que trajo a España, un país al que ama profundamente. Asegura que es el mejor reparto que jamás ha tenido y que los actores tienen un gran dominio de su papel.

Para él la comedia es lo más difícil en teatro, después de la ópera, ya que es necesario controlar muy bien lo que llaman el “timing”, es decir, el arte de colocar la frase en el momento justo. El autor dijo que la representación española de su obra era la más acrobática de cuantas había visto.

Herold no se declara muy amigo de la versión llevada al cine puesto que opina que esta obra es teatro puro y que las cámaras son demasiado dictadoras obligando al espectador a mirar hacia dónde el director quiere que miren. La película es bastante fiel al texto, eso sí, aunque se cometieron algunos deslices en el casting.

Boadella apunta que el teatro vuelve y el cine normalmente no. El teatro deja más huella, el cine resulta demasiado elaborado, no se puede integrar dentro de las llamadas “bellas artes”.

Una buena obra teatral se disfruta viéndola quince veces y siempre emociona. De hecho el público también participa de algún modo con su reacción. Herold recuerda que en Londres rompieron la primera fila de butacas de un ataque de risa. En el cine hay sonrisas mientras que en el teatro hay carcajadas. Otra cuestión importante que nos aclara el director es que en el teatro el autor está siempre tentado de retocar la obra y así ésta evoluciona continuamente.

Por último, a nuestra pregunta dirigida a los actores, sobre si alguna vez habían tenido problemas que hubiesen afectado a una representación nos contaron la más curiosa de las anécdotas, demostrando que es verdad que la realidad supera a la ficción. En una ocasión se reventó una cañería en sus camerinos situados en la planta del sótano y tuvieron que llamar urgentemente a los bomberos. Eso sí, advirtiéndoles que entrasen por la puerta de atrás para no alarmar al público. Hicieron la representación sin que nadie se enterase de nada, y eso que durante las salidas de escena estuvieron bajando a achicar agua con cubos y llevando bolsas de plástico en los pies ya que el agua lo había inundado todo. Pero, como en el mundo del teatro se suele decir: “El espectáculo debe continuar”.

 

Por: Javier León.       Fecha de pase: Marzo 12.
Fotos: Javier León.

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